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Mariela es profesora de Historia y miembro del equipo académico del Postítulo de Educación Sexual Integral del profesorado Joaquín V. González de la Ciudad de Buenos Aires. En diálogo con FUNDAO, nos propone reflexionar sobre los impactos y perspectivas futuras de esta ley en su aniversario número 20. 

Un 4 de octubre del año 2006 el Senado de nuestro país sancionaba la Ley de Educación Sexual Integral, popularmente conocida como Ley de ESI. Veinte años después, la pregunta inevitable que aparece es: ¿Qué escenario social y político hizo posible el consenso parlamentario de 2006?

“Lo que permitió llegar a un consenso legislativo está relacionado con la lucha que emprendieron en nuestro país el movimiento de mujeres, el de la diversidad y el de Derechos Humanos. El movimiento de mujeres venía reclamando distintos derechos para las mujeres y las diversidades, y con la apertura democrática quedó más claro que el reclamo por los derechos sexuales y reproductivos tenía que tener su propia agenda”.

En ese contexto, sindicatos docentes, organizaciones de mujeres y organizaciones civiles y de Derechos Humanos empiezan a poner de manifiesto una demanda que ya existía en los Encuentros Nacionales de Mujeres desde 1986: la necesidad de la educación sexual integral en las escuelas. Eso hizo que a partir de 2004 se presentaran proyectos, y que se impulsará una agenda de trabajo para llegar a un acuerdo y sancionar finalmente la ley en 2006.

¿Qué antecedentes normativos allanaron el camino?

“El antecedente principal es la Ley 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable, de 2002, que habilitó un marco de discusión enorme. Esa ley ya planteaba que el trabajo en derechos sexuales y en salud sexual no podía quedar solamente en manos del ámbito de la salud: era necesario que el ámbito de la educación participara.” 

Además, otro gran antecedente fue la Reforma Constitucional del año 1994, que incorporó los Tratados de Derechos Humanos a nuestra Constitución, que habilitó un piso de discusión del que estábamos muy lejos como país.

Otro antecedente es la ley de violencia familiar, muy emparentada con el caso Monzón. 

“Vino a ponerle nombre a una violencia muy particular, que en ese momento se llamó «familiar» y abarcaba cualquier tipo de violencia dentro del ámbito doméstico. Pero sirvió para empezar a corrernos de la denominación tan truculenta y espectacularizadora de crimen pasional».

El movimiento de mujeres, que venía demandando que se incorporara la figura de la violencia por motivos de género, logró sancionar esa ley, que luego sería el antecedente necesario de la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (26.485), de 2009. 

¿Cuáles fueron los principales puntos de tensión y las concesiones?

“Hay tensiones súper interesantes para revisar en esas primeras discusiones. Por ejemplo, cómo iba a quedar plasmado lo que un grupo definía como desigualdades de género y otros grupos, más asociados a determinados credos religiosos, planteaban como igualdad de oportunidades”

La Ley de Educación Sexual Integral nacional no habla de género en ningún lado. Habla de igualdad de oportunidades. Hoy sabemos que las desigualdades de género superan ampliamente esa idea, porque conllevan un nivel de injusticia supremo, y no se trata de darle lo mismo a todos. 

“La otra, es la del ideario institucional en el artículo 5 de la Ley, que permite que cada institución adapte la ESI según su ideario. Eso muchas veces abre la puerta a que se desvirtúe totalmente, e incluso a que se pierda la definición principal de sexualidad que da la ley, como pasa en algunas escuelas confesionales.”

En un primer momento tampoco se definieron lineamientos curriculares. Se prescribieron someramente grandes campos de trabajo. 

“Al día de hoy todavía no tenemos lineamientos para matemática o lengua extranjera, por ejemplo. En historia, geografía, economía y formación ética y ciudadana se agrupan como ciencias sociales y son muy generales; lo mismo con ciencias naturales, sin lineamientos específicos para biología, química o física. Fueron quedando blancos que hoy es necesario volver a pensar.”

¿En qué aspectos cumplió sus objetivos la ESI?

“El objetivo que más claramente cumplió a dos décadas de su sanción es la legitimación con las pibas y los pibes. Estudiantes de todos los niveles reconocen en la Educación Sexual Integral un ámbito de cuidado, de protección, de garantía de sus derechos y de escucha insoslayable. Que sean ellos quienes lo reconocen es, para mí, uno de los logros más importantes de esta ley.”

También logró que una masa enorme de docentes se formara, la mayoría de las veces por su propia voluntad, para poder trabajar estos contenidos en las aulas, porque consideran que es fundamental hacerlo.

¿Cómo cambió el enfoque de la ley desde 2006?

Lo que fue cambiando no es el enfoque de la Ley, que es el mismo desde el principio, sino la posibilidad de implementarlo. 

“La Ley tiene un enfoque biopsicosocial, donde se pasó de una educación sexual con un paradigma muy biologicista y moralizante, con contenidos relacionados solo con la reproducción y con determinadas genitalidades, a una educación sexual integral que pone en marcha los cinco ejes que establece la ley: cuidar el cuerpo y la salud, valorar la afectividad, ejercer nuestros derechos, garantizar la equidad de género y respetar la diversidad.”

Con estos cinco ejes se fue incorporando el trabajo en ESI a las diversas dimensiones de la vida de una persona y de las relaciones sociales. Incorporar la perspectiva de género es fundamental, porque nos permite pensar cómo circulan, cómo suceden y cómo se establecen las relaciones sociales. 

¿Cuáles son las mayores deudas de la implementación?

Las mayores deudas de la implementación están también en su fortaleza: en las escuelas, en la capacitación, en la formación continua y en servicio de los docentes, y en el trabajo profundo de reflexión de cada uno en lo personal.

 “La formación en ESI es una formación que se inicia, pero no sé si se termina alguna vez. Es una reflexión constante sobre las matrices de aprendizaje que organizan nuestra sociedad y sobre las relaciones desiguales de poder, que no se dan sólo en torno al género, sino también a la clase, la etnia, el capacitismo, la orientación sexual y las edades.”

¿Cuál es el estado actual de aplicación de la ESI?

“El contexto de aplicación actual es de lo más diverso. Hay instituciones con un fuerte compromiso de sus directivos, que baja hacia toda la comunidad educativa. Y hay instituciones donde los directivos esconden la cabeza como avestruces: no garantizan derechos, no acompañan a sus docentes, persiguen a quienes implementan la ESI y le abren la puerta a familias que intentan entorpecer la garantía de derechos de sus hijos.”

Ahora bien, es importante destacar que el discurso oficial, que tiene a la ESI como enemigo principal, no colabora en sostener la tarea, y termina siendo muy dura para los docentes que sí están comprometidos con este trabajo.

¿Qué escenarios imagina a futuro?

“Para adelante vislumbro solo renovaciones y nuevos consensos, porque el movimiento que acompaña a la educación sexual integral es enorme y desbordó las escuelas. La ESI vive en todo tipo de instituciones: en los organismos del Estado, en los clubes barriales, en los sindicatos, en los partidos políticos. Desbordó por mucho la educación formal.” 

¿Qué aporta la mirada histórica a este aniversario?

“Como persona formada en historia, me resulta interesante ver los contextos históricos que posibilitaron la sanción de esta ley y cómo los mismos van transformando su implementación, a veces habilitándola y a veces obstaculizándola.” 

También Mariela destaca:

“Ver cómo la educación sexual integral va calando en la historia: cómo nos lleva a revisar la forma en que se construyó históricamente la idea de sexualidad que tenemos, atravesada por las matrices coloniales en las que habitamos y judeocristianas; cómo Occidente piensa su sexualidad y cómo nosotros, como país colonizado, vivimos, pensamos y ponemos en juego la nuestra. Nuestro derecho a vivirla libremente y sin violencias, y nuestro acceso al placer”.

La mirada histórica sobre estos fenómenos tiene que poner en el centro las vivencias de las mujeres y de las identidades diversas, que nunca fueron protagonistas de la historia, aun cuando su sexualidad siempre lo fue. La sexualidad fue un ámbito de poder, un campo de disputa a lo largo de la historia, y no siempre a favor de las mujeres y las diversidades. Por eso, para pensar la historia, la sexualidad es un elemento fundamental.

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